Centro de Interpretación del Litoral

La Maruca, un entorno natural e historico

El Sardinero…sin espigones.

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Los expertos creen que los tres macizos del muro del Chiqui que se retiraron hace 13 años habrían reducido los daños por oleaje. Dicho muro tenía adosados tres pequeños espigones de seis metros que ayudaban a frenar las olas. Se instalaron en la década de los 30 y allí permanecieron hasta hace trece años, cuando el Ayuntamiento de Santander reformó la red de saneamiento, robó cinco metros de playa para ensanchar el paseo marítimo, eliminó el parque del cañón y cambió la circulación del tráfico en la zona. Esas tres piezas triangulares, situadas en la base de la pared, se destruyeron para dejar paso al emisario de tormentas actual y no se repusieron nunca. Los expertos consideran ahora que su presencia hubiese podido reducir algo los daños del temporal que azotó la costa cántabra el pasado invierno. Las olas de 15 metros ayudadas por una de las mareas más fuertes del año hubiesen devastado igual Santander, pero el impacto en el tramo final de la Avenida García Lago hubiese sido menor.

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Esas tres piezas de piedra tenían como misión reducir el empuje de las olas al llegar a primera línea de costa. Los espigones frenaban las olas para que llegasen sin fuerza a la rampa de entrada de la segunda playa.  El ingeniero, catedrático y miembro del Instituto de Hidráulica César Vidal dirige el proyecto fin de carrera de un alumno que trata de recrear el impacto de esos espigones en el escenario actual.

Entre las opciones, para reducir los efectos de los temporales, no se baraja la instalación de más botaolas. Estas piezas de un metro de longitud y 500 kilos de peso sí se mantuvieron del anterior muro del Chiqui. Ubicadas como base de las barandillas, su forma curva devuelve las olas al mar y evitan que el agua rebase la cota de la pared. Pero ante temporales como el del pasado invierno no pueden hacer nada. Los de Santander se mantuvieron en su sitio, pero en Gijón, por ejemplo, los están reponiendo ahora después de que las olas se los llevasen por delante.

Adolfo Fernández, ingeniero licenciado en la Universidad de Cantabria explicó que los botaolas están hechos para el Mediterráneo. «Son un elemento útil en costas con olas de poca energía que son fácilmente rechazadas. Por el contrario, en nuestras costas se moviliza una gran cantidad de agua, así que el botaolas no puede rechazarla. De ello hemos sido testigos el pasado invierno, viendo como grandes olas inundaban los paseos y carreteras», señala este ingeniero.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es

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Autor: centrolitoralmaruca

El Centro de Interpretación del Litoral de "La Maruca" es un lugar en la costa de Cantabria que busca dar a conocer el medio marino a todo aquel que se anime a visitarlo.

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